
Pues eso, ayer visita a las bodegas de Viña del Vero. Desde hace tiempo con mi compa de trabajo estabamos empeñados en ir a unas bodegas, porque a pesar de que por trabajo muchas veces estamos en contacto con viticultores, no conocíamos bien el proceso ni el funcionamiento de una bodega moderna.
Así que organizamos una excursión a nivel particular a la que invitamos a amigos de la zona y la verdad es que mereció la pena.
Viñas del Vero es una bodega "industrial", pero enclavada en un entorno guapísimo. Estuvimos viendo el proceso completo, desde las viñas hasta el embotellado, así como las salas donde envejecían los crianzas y reservas.
Impresiona pensar en el pastón que se ha invertido en empresas qué saben que no van a poder vender su producto hasta que no pasen 4 o 5 años. En mi esquema mental-contable no me cuadra muy bien las amortizaciones de ese tipo de inversiones, pero ya tengo asumido que soy un ignorante de la vida, jajaja
Una vez que recorrimos las instalaciones y catamos un rosado joven del año, el primero que ha salido, marchamos a ver la "joya de la corona" de Viñas del Vero, la Bodega Blecua. Por el camino echamos unas risas comentando lo pijotero que resulta a veces el mundillo de las catas, con olores a "fresa y piruleta" o como un profesor de cata les había comentado una vez: a "perro mojado". Yo desde luego, me dicen que un vino huele a perro mojado, y no lo bebo ni de coña...
Bodega Blecua resultó ser un capricho. Vieja Casona restaurada, Falcon Crest del Somontano, donde se elabora el vino Blecua, vino ultra ultra seleccionado. Recogido y seleccionado a mano racimo a racimo, desechando cualquier racimo con un solo grano defectuoso, etc.
En fin, una tarde muy agradable, con una puesta de sol preciosa, vino y buena compañía. A ver cuando organizamos otra visita con los amig@s.
Quien quiera saber más, que pinche en las fotos...